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Su hijo nació muerto, pero él no se dio por vencido. 15 años después sorprenden al mundo


“El padre de Pablo”, así se describe a sí mismo José Manuel Roás Triviño, un hombre que ha demostrado que lo imposible no existe cuando uno tiene fe y se esfuerza por cumplir los sueños. Si hace 15 años, cuando su hijo nació y fue declarado muerto le hubieran dicho lo que viviría ahora no lo hubiera creído, pero los milagros existen y José Manuel lo ha experimentado en carne propia. Cada gota de sudor, cada vez que sus piernas le han querido fallar, su hijo lo ha hecho seguir hacia la gloria.


Hace 15 años José Manuel y su esposa Maite esperaban con mucha emoción a Pablo, su cuarto hijo. El día del parto llegó y todo se complicó, su esposa no dilataba y los médicos temían lo peor. Cuando por fin pudieron sacar al bebé del vientre de su madre lo declararon muerto y la pareja decidió bautizarlo antes de despedirse de su pequeño pedazo de cielo. Minutos después los riñones del niño empezaron a funcionar y aunque tenía problemas de salud, se aferró a la vida. 




Desde entonces Pablo sufre de la enfermedad de West, donde por la falta de oxígeno al nacer,  vive con parálisis cerebral, dificultades para caminar y convulsiones de vez en cuando. Por ahora su enfermedad está controlada y es la luz de su hogar, sus padres y sus otros 4 hermanos le llaman “ángel, príncipe de la casa”.


Hasta ahí suena a una familia feliz que ha superado el reto de vivir con un ser especial, pero lo que ocurrió después, no tiene palabras para describirse. Resulta que José es profesor de educación especial y adicto a las carreras, disfruta correr, ver los paisajes y esos momentos donde el viento se estampa en su piel, le hacen sentir vivo. 


En verano se le ocurrió algo que terminó cambiando la vida de su familia. José decidió sacar a Pablo a correr con él, había que realizar varios preparativos para poder hacer que el joven fuera cómodo en su silla, sin frío y sin mucho calor. José notó que Pablo amaba la experiencia y la convirtió en una costumbre. De principio sólo iban a carreras nocturnas, el hombre aseguraba que la silla de su hijo era como un andador y sin ella no podía correr. Siempre sus pies se movían de una forma independiente pues iba concentrado en que Pablo estuvieran bien colocado, que no tuviera ningún tipo de molestia. El joven chillaba cuando su padre empezaba a correr, amaba ver a la gente y así mostraba cuánto amaba este tiempo. 


Tras muchas vueltas al asunto José decidió correr el maratón de Sevilla acompañado por Pablo. Pensó que la mañana sería muy fría para su hijo pero se integraron a la mitad de la carrera, no fue fácil y decidieron que el próximo año harían el evento completo. La preparación le provocó problemas en la rodilla, sabía que si fallaba debería retirarse de las carreras por completo, pero Pablo estaba emocionado y no podía dejar ese sueño sin cumplir. 




José se preparó como nunca y por fin llegó el día de la carrera. En las primeras horas Pablo iba dentro de un saco de dormir, llegando al kilómetro 30 la rodilla de José comenzó a molestarle y para el kilómetro 35 estaba a punto de desistir. Justo cuando José estaba por retirarse, Pablo empezó a chillar de nueva cuenta, una gran sonrisa iluminaba su rostro y como pudo apretó la mano de su padre. Así le decía que no perdiera la esperanza, Pablo estaba cansado pero no dejaba de gritar para animar a su papá. José tomó la andadera y corrió como nunca, casi 5 horas después de iniciar José y Pablo estaban llegando a la meta.


"Después de verte con un hijo así, con tantas dificultades y ver que los dos podemos completar juntos una maratón, fue increíble. Sobre todo con lo bien que se lo pasó él. Recuerdo que cuando llegamos al estadio y enfilamos la recta ya empecé a gritar: ‘¡Lo hemos conseguido, Pablo, lo hemos conseguido!’. Le cogía las manos y él se puso a gritar también y fue una cosa súper emocionante”. Padre e hijo habían conquistador algo increíble, Pablo estaba feliz y los cientos de asistentes del evento no dejaban de aplaudirles. 


La familia Roás fue reconocida por varias revistas, ha sido invitada a otros maratones y todo por Pablo, quien a pesar de su condición es quien mantiene unida a la familia.  José es un padre feliz, asegura que no es un héroe y que sólo pretendía ver feliz a su hijo, pero su historia ha conmovido al mundo entero. Atrás quedó ese momento en que su bebé fue declarado muerto, hoy padre e hijo son un auténtico milagro.

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